El separatismo se resquebraja: es nuestro momento

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Lejos de ser un paso más hacia la separación, el 1 de octubre de 2018 evidenció la frustración del secesionismo y el enfrentamiento entre las CUP y el Gobierno de Torra. Querían romper España y lo único que están consiguiendo es romper Cataluña y, últimamente, resquebrajar el nacionalismo.

Las procesiones con urnas, el destrozo de bienes públicos, el bloqueo de los servicios que cada día usa la mayoría de ciudadanos normales, los ataques violentos contra los manifestantes de JUSAPOL, pero también contra los Mossos d’Esquadra y contra el Parlamento autonómico, son un tiro en el pie de un nacionalismo a la desesperada que no puede seguir dilatando sus promesas por más tiempo.

La estrategia de prometer lo imposible y fiar el éxito de la misión a la cabezonería no solo no está funcionando, sino que está perjudicando al PDeCAT. El salto al vacío de la “República Catalana” era un intento por dejar atrás la podredumbre de Convergencia, con el clan Pujol a la cabeza. El partido de Artur Mas se alió con un separatismo radical y violento confiando en usarlo como un monigote al que podrían quitarse de encima en cualquier momento.

Sin embargo, las huestes que servían de instrumento para presionar al Gobierno de España han vuelto grupas y se amotinan ahora contra sus instigadores. En un intento por alcanzar una prórroga, el presidente títere ha tratado de ponerse de nuevo a la cabeza de la manifestación indicando a los CDR que sigan apretando (¡pero hacia el otro lado, carajo!).

No olvidemos que la CUP y los CDR no quieren solo una república independiente, sino que siguen un modelo antisistema en sus medios y en sus fines. Poco importa si Cataluña quedara fuera de Europa o si se convirtiera en un desierto económico. La independencia es para ellos lo primero y lo único y, si las cosas van mal, o bien es culpa de los demás o bien la realidad se está equivocando. En este punto, comparten errores con otros populismos, principalmente el de Venezuela.

Fuera de España, donde los separatistas se están gastando el dinero público que tienen y el que no en apoyos diplomáticos para forzar la ruptura, el apoyo continúa cayendo. Compraron a influenciadores de segunda y abusaron del desconocimiento sobre la materia, pero la mentira tiene las patas muy cortas. Los nacionalistas saben que no tienen ningún apoyo, que Europa no quiere que el nazismo se extienda ni que se repita el absurdo de los Balcanes.

En días como hoy, tras la enésima exhibición de violencia indepe, España debe mantenerse firme. El actual Gobierno autonómico catalán se está cuidando en sus acciones y declaraciones para evitar la aplicación inequívoca del 155. Si ir a la cárcel no fuera un problema, Puigdemont no estaría en Watterloo. Por tanto, no es momento de ser ingenuos: aflojar la cuerda sería dar oxígeno al nacionalismo y, al mismo tiempo, condenar a millones de ciudadanos catalanes a una nueva y definitiva era de sometimiento nazi.

¿Qué podemos hacer nosotros?

Nosotros, los españoles que no ocupamos puestos de responsabilidad política, tenemos sin embargo una misión que cumplir. Debemos hacer patente nuestra voluntad de seguir unidos. No cabe el cansancio, no cabe rendirse, no cabe dejar que los nacionalistas decidan por nosotros, no cabe dejar en manos del Gobierno de turno la solución. La Historia juzgará un día a nuestros políticos, pero también nos juzgará a nosotros.

Dejar que nuestros gobernantes decidan y quejarse después es lo más fácil, pero no sirve de nada. En la actualidad, disponemos de suficientes cauces para expresar nuestra defensa de la unidad. Las redes sociales nos permiten indicar el camino, presionar, exigir y, sobre todo, advertir que nuestro voto va a depender de su actuación.

Desde Catalunya Somos Todos, estamos decididos a ejercer de altavoz para todos aquellos que creen que es posible parar los pies al nacionalismo y así lo hemos remarcado desde nuestro primer manifiesto. Creemos que la cultura no se puede cambiar de un día para otro, pero el ordenamiento jurídico nos ofrece suficientes recursos para devolver a Cataluña el orden que el Gobierno de Torra no sabe ni quiere mantener.

Ciertamente, no disponemos de los medios con los que cuentan los nacionalistas, pero no estamos dispuestos a rendirnos. Catalunya Somos Todos nació decidida a usar las redes sociales y la web, a elaborar informes para denunciar socialmente las mentiras, a realizar conferencias para desmontar la farsa nacionalista, a asesorar a quienes necesitan apoyo jurídico y a denunciar ante los tribunales los abusos del separatismo.

Hasta ahora, tenemos que decir con humildad que hemos logrado grandes avances en estas líneas y miles de personas mantenéis viva la llama con vuestro apoyo y aliento. Buen ejemplo de ello fue la masiva asistencia a la conferencia que organizamos el pasado 11 de septiembre, donde la sala se nos quedó pequeña. Este comienzo de curso fue un hito y necesitamos que sigáis respondiendo con ánimo a estas convocatorias para ir más allá de lo virtual.

En resumen, nos encontramos ante un nacionalismo debilitado al que debemos ayudar a caer. Los errores de este 1 de octubre deben ser el comienzo de su caída final. A la sociedad en general y a Catalunya Somos Todos en particular, nos corresponde seguir empujando con más fuerza hasta lograr el triunfo definitivo de la unidad.

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